Mantente Informado y Participa en la Comunidad
Ingrese su dirección de correo electrónico a continuación y suscríbase a nuestro boletín

“Con tal de tener un billete de cinco mil, con lo que sea pasas”.
Según una nota publicada por el portal de la dictadura, guineaecuatorialpress.com, el vicepresidente de su padre ha ordenado una “auditoría general” en el Aeropuerto Internacional de Malabo tras conocerse denuncias de cobros ilegales a los pasajeros. El comunicado promete una “limpieza total” y sanciones ejemplares contra los responsables, pero quienes transitan a diario por esas instalaciones saben que lo que reina allí no es el orden, sino el soborno institucionalizado.
Desde el control de equipajes hasta los mostradores de facturación, el aeropuerto de Malabo se ha convertido en un auténtico coladero donde todo se resuelve con dinero. Los testimonios de viajeros son unánimes: con un billete de cinco mil francos CFA en el bolsillo, “con lo que sea pasas”. Esa frase, repetida en cada cola, es la descripción más fiel del funcionamiento interno de la principal puerta aérea del país.
Las llamadas “auditorías” del régimen suelen ser un espectáculo de autopromoción, en el que el propio Teddy aparece rodeado de cámaras para exigir transparencia a sus subordinados, cuando en realidad todos saben que la corrupción fluye desde arriba. Ninguna orden ministerial ni comité de control ha logrado nunca erradicar lo que ya es parte estructural del sistema: el soborno como modo de gestión pública.
En el aeropuerto, los viajeros denuncian cobros de hasta 20.000 francos CFA por bulto de equipaje, sin recibo ni justificación. Las aduanas funcionan como una ventanilla de extorsión donde los uniformados, gendarmes, agentes de seguridad o simples auxiliares, negocian en efectivo lo que debería ser un trámite regular. Algunos pasajeros relatan que incluso el acceso a las salas de embarque o la recuperación de objetos retenidos depende de “quién te atienda y cuánto ofrezcas”.
Lejos de sancionar estas prácticas, el régimen las tolera porque alimentan la cadena de recaudación informal que mantiene a sus funcionarios leales y callados. La corrupción no es un accidente: es el lubricante de un sistema que reparte migajas a cambio de silencio y obediencia. El aeropuerto, como las carreteras plagadas de barreras internas o los puertos donde cada contenedor se “negocia”, refleja el mismo patrón de control y saqueo.
La promesa de “auditar” el aeropuerto es una farsa más en el teatro de la impunidad. No se puede limpiar lo que el poder ensucia cada día. Mientras el vicepresidente de su padre posa ante las cámaras hablando de orden y disciplina, miles de guineoecuatorianos siguen pagando por moverse dentro de su propio país. Y cada vez que un viajero logra pasar un control con un billete de cinco mil, lo hace a sabiendas que ese gesto sencillo, es el verdadero sello de entrada a la Guinea Ecuatorial de hoy.