
El CPDS de Andrés Esono Ondo se desmorona.
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Renuncias, expulsiones y presión interna marcan una crisis sin precedentes.
En un escenario que podría parecer irónico, dada la «unidad y lucha democrática» que proclaman algunos, el CPDS de Andrés Esono Ondo se derrite como un helado en verano. La crisis interna en el partido Convergencia para la Democracia Social (CPDS), actualmente liderado por Esono, alcanza un nuevo nivel de gravedad. Tras expulsiones arbitrarias y disciplinamientos internos, ahora llegan renuncias forzadas bajo presión y un ambiente de control absoluto que aleja a la militancia y debilita la estructura partidaria.
El pasado martes 3 de junio de 2025, Juan Pedro, Secretario General de Juventudes del CPDS en Bioko-Annobón y asistente personal de Andrés Esono durante las elecciones anteriores, presentó su dimisión y renunció también a su militancia.
La dimisión de Juan Pedro se produce tras una serie de maniobras internas que evidencian la falta de democracia dentro del CPDS. El 10 de mayo, Andrés Esono convocó una reunión de la Junta Ejecutiva Nacional en la que, entre otros puntos, se abrió expediente a dos militantes: Juan Pedro y Valentín Mbeang Eyen. He aquí el orden del día de dicha reunión :

Fuentes internas denuncian que Andrés no admite recursos de defensa, violando derechos estatutarios básicos, y que en esa misma reunión redactó la expulsión de Anselmo Santos Ekoo, ex candidato a la secretaria general en el último Congreso del partido sin dar oportunidad a que se estudiaran sus recursos.
El 27 de mayo, Andrés convocó a Juan Pedro a una reunión en la que también participaron seis miembros de la Junta Ejecutiva Nacional, entre ellos Pablo MBA Nzang (presidente del partido), Marcelino Capote (vicesecretario), y Juan NzO Ondo (secretario de Finanzas y Patrimonio). Una «encerrona».
Durante este encuentro, Andrés exigió que Juan Pedro desmintiera públicamente, mediante un comunicado redactado por la directiva, una información difundida por Radio Macuto. Al cuestionar Juan Pedro por qué solo a él se le exigía esta retractación, la respuesta fue una amenaza clara: firmar o enfrentar consecuencias, avalada por la intervención directa de Juan Nzo Ondo, Secretario de Finanzas y Patrimonio del partido.
Juan NZO, hermano mayor de Elías NZO, Secretario de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos, controla gran parte de la subvención estatal que la dictadura asigna mensualmente al CPDS, con un sueldo declarado de 800.000 francos CFA, mientras Andrés Esono se queda con aproximadamente 1.000.000 francos de esa subvención total de 1.800.000 francos. Esta concentración de recursos en manos de la directiva explica en parte el férreo control y la intolerancia hacia las voces críticas.
Juan Pedro decidió no ceder y se marchó, pero dos días después recibió insistentes llamadas de Marcelino Capote y un audio de más de diez minutos enviado por el abogado del partido, Elías Nzo Ondo, exigiéndole cumplir con el documento antes del martes 3 de junio, fecha límite que coincidió con su renuncia.
La situación refleja un ambiente de coerción donde los derechos políticos y las garantías internas se pisotean, y la dirección del CPDS no tolera ninguna voz disidente.
Los hechos actuales contrastan con el CPDS histórico, aquel partido que, en sus inicios y bajo líderes todos formados en Occidente, era un referente de oposición y de lucha democrática. Hoy, el CPDS de Andrés Esono se ha convertido en una organización donde la obediencia y el control vertical aplastan la crítica y la disidencia.
Militantes descontentos, expulsiones sin proceso justo y renuncias por “higiene mental” son síntomas claros de una estructura en declive.
“El partido se volvió un espejo del sistema que decimos combatir. Si cuestionas algo, eres enemigo. Así no se construye alternativa”, denuncia un exmilitante.
Con la salida de figuras como Juan Pedro y el recuerdo amargo de Paysa Eló Ayeto, el CPDS de Andrés Esono parece vivir un proceso de autodestrucción. Mientras la dirección prioriza el control y la eliminación de voces críticas, el partido pierde legitimidad y capacidad para representar una verdadera oposición.
Si la tendencia continúa, el partido corre el riesgo de dejar de ser una alternativa para convertirse en lo que muchos temen: Una estructura vacía más, solo funcional al sistema que dice combatir.












