
Afines al régimen de Malabo piden asilo en Estados Unidos mientras siguen defendiendo a la dictadura
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Afines al régimen de Malabo piden asilo en Estados Unidos mientras continúan defendiendo públicamente a la dictadura de la que dicen necesitar protección.
Una reunión celebrada en Estados Unidos ha vuelto a poner el foco sobre una práctica cada vez más comentada dentro de la comunidad guineoecuatoriana. En la fotografía aparece una mujer conocida como «Joya«, a quien fuentes de Radio Macuto sitúan durante años en el entorno administrativo del vicepresidente de su padre, Teddy.

Según esas mismas fuentes, Joya se trasladó posteriormente a Estados Unidos con sus hijos y habría solicitado asilo para su familia. Radio Macuto no ha tenido acceso al expediente migratorio y, por tanto, no puede confirmar sus argumentos ni el estado del procedimiento.
El caso plantea, sin embargo, una cuestión más amplia. En Estados Unidos residen antiguos funcionarios, militares y personas relacionadas con las estructuras del régimen que habrían solicitado protección alegando temor a regresar a Guinea Ecuatorial. Algunos continúan participando en actos o discusiones públicas en defensa del mismo poder del que aseguran necesitar protección.
No existe contradicción automática entre haber trabajado para el Estado y terminar perseguido. El régimen también castiga a sus propios colaboradores cuando caen en desgracia. Pero resulta difícil explicar que alguien se presente como víctima mientras sigue justificando al aparato político que persigue, encarcela y tortura a otros.
Esta conducta puede tener una consecuencia grave. Cada expediente dudoso facilita al Gobierno de Malabo la tarea de desacreditar las solicitudes de asilo de opositores, activistas, periodistas, desertores y ciudadanos cuya persecución sí está documentada.
Radio Macuto no dispone de pruebas para afirmar que exista una operación oficial destinada a invalidar los expedientes de asilo guineoecuatorianos. Pero el resultado beneficia claramente al régimen. Cuantos más antiguos servidores del poder utilicen la protección internacional sin romper públicamente con él, más sencillo será presentar a todos los solicitantes como oportunistas o falsos perseguidos.
El problema es especialmente delicado entre los militares. No basta con alegar miedo al regresar. También debe aclararse qué funciones desempeñaron, qué órdenes recibieron y si participaron en abusos contra otros ciudadanos.
El asilo protege a quienes huyen de una persecución real. No debería convertirse en una puerta de salida para miembros del sistema que cambian de país, pero no de lealtad.
La cuestión no es solo quién solicita asilo, sino a quién continúa defendiendo después de pedirlo.











