Malabo II: el desfile de las ilusiones o la enésima puesta en escena del caos

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Bajo los oropeles de la Presidencia en Malabo II, el clan en el poder se entregó esta semana a uno de sus ejercicios favoritos: la comedia de las “hojas de ruta”. Con la presentación de planes de acción para el segundo semestre, el Gobierno de Obiang Nguema intenta ocultar, detrás de una burocracia ruidosa y vacía, el derrumbe total de los servicios públicos que los ciudadanos padecen cada día.

Por OLBIF

El pasado martes, el primer ministro de fachada, Manuel Osa Nsue Nsua, reunió a sus subordinados en una sesión de trabajo que ya no engaña a nadie. Sobre la mesa estaban Trabajo, Educación y Sanidad. Tres sectores vitales convertidos en simples herramientas de propaganda por un régimen que ha hecho de la incompetencia y del desvío de fondos su marca de gobierno.

El arte de planificar en el vacío

Hablan de “reducción del desempleo”, de “modernización de la formación” y de “digitalización de los expedientes médicos”. Palabras, siempre palabras, mientras la realidad del país sigue siendo la de una juventud sacrificada, sin horizonte, y un sistema sanitario que, por falta de medicamentos esenciales, condena a los más débiles a la precariedad o a la muerte. ¿Cómo creer en esta tecnocracia de salón cuando el nepotismo contamina cada nombramiento dentro de esos ministerios?

El primer ministro exigió planes “concretos y medibles”. La orden roza la ironía cuando se sabe que esas mismas instituciones son las primeras en alimentar los bolsillos de una oligarquía desconectada del pueblo. Esas hojas de ruta no son instrumentos de desarrollo. Son cortinas de humo destinadas a tranquilizar a unos socios internacionales cada vez más escépticos.

El punto culminante de la puesta en escena fue la obligada adhesión a la “visión política” del dictador Obiang Nguema. Ahí reside el verdadero problema. Mientras la gestión pública siga sometida a los caprichos de un sistema clánico, y no al interés general, ninguna reforma llegará a ninguna parte. Guinea Ecuatorial no necesita calendarios técnicos, sino una ruptura total con los métodos de saqueo que desde hace demasiado tiempo sustituyen a la gobernanza.

Una caída programada

Resulta fascinante ver a este Gobierno felicitarse por unos “avances” que solo existen en los informes fríos de los despachos de Malabo II. El pueblo, sin embargo, no es ingenuo. Esos tres pilares supuestamente “fundamentales”, trabajo, educación y sanidad, se hunden bajo el peso de la corrupción.

No será cambiando el color del papel donde se imprimen esos planes como el régimen cambiará el triste destino que impone a Guinea Ecuatorial.

La única hoja de ruta que realmente importaría, el poder se cuida mucho de escribirla: la de su salida.

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