El avión de Obiang y el piloto fantasma de los secuestros

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La pista del llamado “piloto fantasma” vuelve a poner el avión presidencial de Teodoro Obiang en el centro de la causa abierta en España por el secuestro de cuatro opositores guineoecuatorianos. Lo que aparece no es un simple misterio aéreo, sino la sombra de una dictadura que habría usado recursos del Estado para perseguir, capturar y trasladar opositores fuera de toda legalidad.

Guinea Ecuatorial no vive bajo un gobierno autoritario cualquiera. Vive bajo una de las dictaduras más brutales y longevas del mundo, una satrapía familiar instalada sobre el miedo, la cárcel, la tortura y el saqueo. Que algunos gobiernos occidentales prefieran mirar hacia otro lado por intereses económicos, diplomáticos o energéticos no cambia la realidad que sufre la población guineoecuatoriana.

Esta página no tiene razones para suavizar lo que el pueblo padece desde hace décadas.

La información publicada por ABC sobre el “piloto fantasma” del avión de los secuestros de Obiang vuelve a señalar una parte oscura de la maquinaria represiva de Malabo, los vuelos que no aparecen, las rutas que se ocultan, los nombres que se borran y las órdenes que nadie quiere asumir.

El caso no nace ahora. La Audiencia Nacional española investiga desde hace tiempo el secuestro de cuatro opositores guineoecuatorianos residentes en España, capturados en 2019 en Yuba, Sudán del Sur, y trasladados posteriormente a Guinea Ecuatorial. Se trata de Feliciano Efa Mangue, Julio Obama Mefuman, Bienvenido Ndong y Martín Obiang Ondo. Dos de ellos tenían nacionalidad española. Julio Obama, quien además había servido a la Legión española, murió después bajo custodia del régimen, sin una investigación independiente, sin transparencia y sin justicia.

Nada de aquello tuvo apariencia de accidente. Fue una operación. Hubo víctimas, ejecutores, mandos, logística, vuelos y silencio. Y ahora vuelve a aparecer el avión presidencial como una pieza incómoda en ese engranaje.

Según las informaciones conocidas en España, antiguos pilotos vinculados al aparato presidencial declararon ante el juez Santiago Pedraz sobre vuelos en los que se habrían trasladado “detenidos” hacia Guinea Ecuatorial. Uno de ellos reconoció haber transportado personas privadas de libertad en el avión presidencial, aunque negó que fueran los cuatro opositores de esta causa. Otro admitió que no registró en su libro de vuelo determinados trayectos realizados durante varios años con el Embraer 145 al servicio de Obiang.

En aviación, los vuelos dejan rastro. Las tripulaciones se registran. Las rutas se documentan. Un avión presidencial no se mueve como una sombra por casualidad. Cuando faltan registros, la pregunta cae por su propio peso, ¿qué se estaba ocultando?

Donde el Estado no funciona como propiedad privada del clan gobernante, si el avión presidencial fue utilizado para trasladar detenidos, no estamos ante una irregularidad técnica. Estamos ante el posible uso de un símbolo del Estado como herramienta de persecución política.

La justicia española ya ha puesto nombres sobre la mesa. Carmelo Ovono Obiang, hijo del dictador y alto cargo de Seguridad Exterior; Nicolás Obama Nchama, histórico rostro del aparato represivo; e Isaac Nguema Ondo figuran entre los procesados por su presunta implicación en el secuestro y las torturas sufridas por los opositores. La causa no habla de una simple disputa política. Habla de secuestro, torturas, desaparición forzada y delitos contra la humanidad.

El “piloto fantasma” puede ser una pieza difícil de localizar, pero el régimen que necesitó vuelos opacos para esconder sus operaciones está perfectamente identificado. Tiene sede en Malabo. Tiene apellidos conocidos. Tiene cárceles donde se tortura. Tiene víctimas dentro y fuera del país. Y tiene una larga historia de persecución contra quienes se atreven a pensar diferente.

La pregunta ya no es solo quién pilotó el avión. La pregunta es quién dio la orden. Quién preparó el traslado. Quién autorizó el uso del aparato. Quién garantizó el silencio. Quién decidió que cuatro opositores podían ser capturados en un país extranjero y enviados a la boca del lobo.

Durante años, Malabo ha intentado presentar a los opositores como enemigos, traidores o delincuentes. Es la vieja técnica de todas las dictaduras, ensuciar a la víctima para justificar la barbarie. Pero el expediente abierto en España está dejando al descubierto otra cosa, no un Estado defendiéndose, sino una satrapía persiguiendo a guineoecuatorianos por motivos políticos.

Mientras tanto, el pueblo sigue pagando el precio. Lo paga con miedo, con exilio, con silencio, con cárceles llenas, con familias rotas y con una vida nacional secuestrada por una familia que confunde el país con su finca privada.

Por eso no valen tibiezas. No se puede hablar de la dictadura de Obiang como si fuera un gobierno con algunos excesos. No se puede tratar el secuestro de opositores como una simple anomalía diplomática. Y no se puede mirar el avión presidencial como un transporte oficial cualquiera si terminó sirviendo para mover detenidos hacia las mazmorras de Malabo.

El piloto fantasma es apenas una sombra en una historia mucho más grande. Lo relevante es la dictadura de Obiang, una maquinaria de miedo que lleva décadas aplastando a los guineoecuatorianos mientras parte de la comunidad internacional finge no ver nada. O ¿es lo que consideran Derecho Internacional?

Radio Macuto lo seguirá denunciando con la dureza que exige el sufrimiento del pueblo. Porque cuando una dictadura secuestra, tortura y mata, esa verdad no se puede escribir con guantes blancos.

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