
Disidentes denuncian la nominación de Obiang al Premio Nobel de la Paz
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Ayer, un colectivo de disidentes guineoecuatorianos en el exilio hizo pública, a través de Radio Macuto, una carta abierta dirigida al Comité Nobel en la que denuncia la “grotesca” nominación del dictador Teodoro Obiang Nguema Mbasogo al Premio Nobel de la Paz 2025.
Según el documento, la iniciativa fue impulsada por Anacleto Olo Mibuy, exministro y actual consejero del Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), quien además ocupa cargos en varias estructuras vinculadas al entorno presidencial, como la fundación Constancia Mangue Nsue Okomo o el movimiento Amigos de Obiang. La candidatura se justificaría en supuestas aportaciones financieras del régimen a la Unión Africana, la FAO y el Premio UNESCO-Guinea Ecuatorial para las Ciencias de la Vida, así como en una presunta implicación de Obiang en procesos de paz amparados por Naciones Unidas.
Los firmantes califican la nominación como “una tentativa de legitimación de un autócrata sanguinario” y recuerdan que esta estrategia propagandística sigue la línea de múltiples distinciones internacionales espurias que el dictador ha ido acumulando a lo largo de los años. Entre ellas, títulos honoris causa de universidades desconocidas o inexistentes, como la Universidad de Ciencias de la Información del Perú, la Universidad Politécnica Internacional de Benín o la Escuela Superior de Arquitectura y Urbanismo de Togo.
“La abyecta nominación del sanguinario tirano Obiang al Premio Nobel de la Paz representa una afrenta al sufrido pueblo de Guinea Ecuatorial”, señala el texto, que advierte además de que “el eventual otorgamiento de dicha distinción redundaría en desprestigio para la institución noruega y en menosprecio del dolor de las víctimas del régimen”.
La carta, publicada en esta página, repasa el largo historial autoritario del mandatario, desde su golpe de Estado de 1979 hasta la instauración de un multipartidismo de fachada en 1993. Según los disidentes, el país vive bajo una “autocracia militar convertida en partido único”, en la que el PDGE controla todos los poderes del Estado y garantiza su continuidad a través de elecciones “sistemáticamente fraudulentas”.
El colectivo recuerda que en los últimos 46 años no ha existido alternancia política y que la llamada oposición “radical” ha sido víctima de disoluciones, ilegalizaciones, encarcelamientos y torturas. “El poder judicial no es más que una prolongación del poder político”, afirma el documento, subrayando la total subordinación institucional al presidente.
La carta también hace referencia al genocidio político perpetrado durante la primera dictadura (1968-1979), cuando Obiang ejercía como ministro de Defensa, y lo vincula con la actual sistematicidad de las violaciones de derechos humanos. Denuncia igualmente la impunidad de los ejecutores, el control absoluto de la justicia y la inutilidad de los mecanismos internacionales de supervisión, como el Examen Periódico Universal de la ONU, “que han terminado por reforzar la desinformación y la opacidad del régimen”.
“Obiang no defiende los derechos humanos ni la democracia; lo que promueve es la violación permanente del Estado de derecho y la corrupción institucionalizada”, sostienen los firmantes
El texto también aborda la crisis económica y social derivada de la “malversación sistemática de fondos públicos” por parte del clan familiar. Más del 70 % de la población guineoecuatoriana sobrevive hoy por debajo del umbral de pobreza, pese a los ingresos multimillonarios procedentes del petróleo. “Guinea Ecuatorial figura entre los últimos países del Índice de Desarrollo Humano, víctima de una recesión agravada por la corrupción y la falta de servicios esenciales”, señala el escrito.
En materia internacional, los disidentes rechazan el argumento de que Obiang haya contribuido a la resolución de conflictos bajo el amparo de la ONU. Por el contrario, lo acusan de respaldar a otros dictadores, como Yaya Jammeh, Robert Mugabe, Muamar el Gadafi o Nicolás Maduro, y de alinearse con los intereses geoestratégicos de Rusia y China, con quienes comparte “la misma aversión hacia la libertad y la democracia”. El documento denuncia también la , como parte de esa alianza represiva.

Los autores subrayan que esta campaña de blanqueamiento internacional se apoya en “contribuciones financieras opacas” del régimen a organismos multilaterales y a instituciones panafricanas como la Unión Africana (UA) o la CEEAC, que a cambio legitiman los fraudes electorales en Guinea Ecuatorial mediante sus misiones de observación.
Finalmente, la carta enviada al Comité Nobel en Oslo exhorta a sus miembros a rechazar de plano la nominación, calificándola de “insulto a la inteligencia humana y a la dignidad de los pueblos oprimidos”.
“Obiang no promociona la democracia, sino que la obstruye; no defiende los derechos humanos, sino que los viola sistemática y continuamente; no promueve la paz, sino que instrumentaliza las instituciones internacionales para perpetuar su dictadura”, concluye el colectivo.
El documento cierra con una frase contundente: “Otorgar a Obiang el Nobel de la Paz sería un insulto a la memoria de quienes verdaderamente han trabajado por la paz y la libertad en el mundo.”







