Golden Swan: la nueva fachada verde del régimen petrolero guineoecuatoriano

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El gobierno de Guinea Ecuatorial, a través del Ministerio de Minas e Hidrocarburos que dirige Antonio Oburu Ondo, ha presentado el proyecto Golden Swan como un hito para impulsar prácticas más limpias en el sector de hidrocarburos. Según la African Energy Chamber, se trata de una iniciativa para reducir las emisiones de gas de efecto invernadero mediante la monetización del gas asociado, una promesa reciclada que ya ha sido proclamada sin éxito en ocasiones anteriores.

El artículo, publicado el 14 de junio por la citada cámara empresarial energética, estrechamente vinculada a los intereses de las compañías que operan en África, presenta el proyecto como un modelo de referencia regional en sostenibilidad energética. Según esta visión oficialista, Golden Swan aspira a transformar el excedente de gas de campos como Alen, Aseng o Zafiro en productos comercializables como GNL, GLP, condensados y butano, en lugar de quemarlo (flaring) como se ha hecho durante décadas.

Sin embargo, este supuesto “cisne dorado” llega tras años de denuncias por parte de organizaciones medioambientales que acusan al régimen guineoecuatoriano de inacción frente al desperdicio de gas, la contaminación marina y el uso desproporcionado de recursos naturales sin beneficios tangibles para la ciudadanía. Desde Malabo, se repiten las promesas de sostenibilidad mientras la realidad del país muestra un modelo extractivo centrado en la exportación bruta de materias primas y el enriquecimiento de una élite militar y política.

El artículo elogia la estrategia de “gas hub” regional impulsada por el Ministerio, señalando que Golden Swan se apoya en infraestructuras ya existentes como la planta de licuefacción de Punta Europa o el complejo de almacenamiento de CNG. Pero lo que omite mencionar es que buena parte de esas infraestructuras han estado operando por debajo de su capacidad o han sido afectadas por conflictos con compañías operadoras, como el actual pulso entre Chevron y Atlas Oranto por el yacimiento de Aseng.

La retórica de la transición energética en Guinea Ecuatorial contrasta además con la falta de acceso a electricidad en muchas zonas rurales, la ausencia de una política nacional de energías renovables, y la opacidad absoluta en la gestión de ingresos públicos del sector petrolero. Aunque el régimen asegure estar comprometido con el Acuerdo de París, en la práctica no existe supervisión independiente ni auditoría pública sobre sus emisiones ni sobre los beneficios reales de estas supuestas políticas verdes.

Golden Swan, al igual que muchos otros proyectos con nombres relucientes promovidos por el clan Obiang, corre el riesgo de ser otro ejercicio de greenwashing al servicio de una dictadura que busca limpiar su imagen en los foros internacionales mientras reprime a su población y mantiene el control absoluto sobre los recursos nacionales.

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