
¿Pastores, lobos, bandidos o ladrones?
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El Ministerio de Justicia y Culto de Guinea Ecuatorial es fuente de actualidad. Ayer, dos altos funcionarios de justicia tomaron la justicia por su propia mano, manifestando que la injusticia, el fanatismo y el total abandono de los verdaderos problemas de la sociedad son el ABC de las instituciones del pueblo ecuatoguineano. Esta mañana se ha vuelto viral un video sobre una reunión entre el ministro de este departamento, Sergio Abeso Tomo, y un gran número de representantes de las petroiglesias que pululan en nuestro país, robando y saqueando en nombre de Dios, con engaños y principios que infunden miedo.
Varias cosas de este encuentro llaman mucho la atención y sorprenden a la opinión pública. Aunque el gobierno ecuatoguineano ve con malos ojos la crítica, hablando mucho de un «Estado de derecho», sin una prensa que vigile y censure a los poderes públicos, no hay democracia. No obstante, quisiéramos comentar algunas cuestiones de este encuentro.
Lo primero que salta a la vista es el gran número de interlocutores del miembro del gobierno. Si Malabo tiene un poco más de doscientos noventa mil habitantes, es alarmante la multiplicación de estos grupos ideológicos con sesgo religioso. Por eso uno se pregunta: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Y si me permiten, me gustaría acusar la negligencia del propio ejecutivo de Malabo y, por ende, de la Iglesia católica. Ambas instituciones son responsables de la proliferación de estas ideologías en Guinea Ecuatorial. Los unos por el desgobierno que conduce al desorden, también por no tomar en serio la protección de la vida y la persona. Esta permisividad ha generado una liga de Iglesias y templos cuyas consecuencias crean un desequilibrio e inestabilidad que comprometen tanto al propio país como al Estado.
Los otros, por abandonar una pastoral rigurosa, seria y acorde al contexto sociocultural que vive nuestra sociedad actualmente. La debilidad de la Iglesia católica y su falta de autoridad, su falta de dinamismo y renovación al repetir los viejos esquemas de trabajo heredados de los misioneros durante la época colonial y su narcisismo, han sido el aliciente de estos grupos, que tanto daño hacen al país. Es curioso que el poder ejecutivo de Guinea esté mimando a este extenso grupo de delincuentes, que violan la integridad individual y familiar, que viven del altercado del orden público, desacreditan los grandes valores recogidos en la constitución, como la unidad y la persona como el supremo bien del Estado.
Es muy lamentable que un ministro del Estado trate de interlocutores a los responsables de uno de los principales dramas que vive nuestro pequeño país. Ninguno de estos grupos forma a su personal, ni tienen ningún tipo de centro de formación, ni hacen nada provechoso para el país, sino que siembran la confusión y ofrecen mecanismos que desacreditan cualquier principio, autoridad y valores, tanto trascendentales, tradicionales, como sociales. Lamento que un jurista como el ministro de justicia convierta el poder ejecutivo en un aparato de predicación, en vez de ejecutar una orden ministerial tajante a este escándalo. Se limita a recordarles los males que están cometiendo a la sociedad y cifra entre estos la pérdida de sus propios familiares.
Está suficientemente demostrado que el gobierno de Malabo, por omisión de sus competencias, colabora con este desorden. Aunque reciban a diario las quejas del pueblo sobre las consecuencias de esta calamidad, ni aplican la ley de libertad de culto, ni la de orden público, ni se sientan con la Iglesia católica para estudiar cómo acabar con este drama que corroe al país. También se sabe que los protectores de estos aventureros están en las altas instituciones del propio estado. No son pastores, porque en vez de cuidar, explotan a sus adeptos, son bandidos porque dividen, abusan de uno de los principales derechos de la persona, la búsqueda del sentido de la vida, extorsionan y dividen la sagrada institución familiar y fuera de la unidad no se entiende a Dios.
Por esto, cada vez que se quiere aplicar la ley, alguien me explique cómo se entiende que, aquellos con quienes un alto funcionario del ministerio de justicia se reunió a finales del mes de marzo para organizar el día nacional de la oración, un mes después el titular de esta cartera les cante a la cara sus irregularidades. Y uno acaba preguntándose qué política aplica nuestro gobierno con estos maleantes. Finalmente, estos grupos sostienen a varios miembros del ejecutivo confundidos, son los que hacen al ejecutivo vacilar sobre una única estrategia política al respecto. Pero es verdad que el daño espiritual, moral, social y antropológico que causan las sectas es irreversible.









