
¿Para qué sirven las elecciones en una dictadura?
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Por Andrés Esono Ondo Okogo,
Secretario General de CPDS
Ha pasado un año de las elecciones presidenciales, legislativas y municipales, celebradas en Guinea Ecuatorial el 20 de noviembre de 2022, en las que el General Obiang y su Partido Democrático de Guinea Ecuatorial (PDGE), se atribuyeron el 100 por 100 de los puestos en liza, empezando por la Jefatura del Estado, tras unas elecciones escandalosamente fraudulentas. Las elecciones, que permitieron a Convergencia para la Democracia Social (CPDS) realizar una formidable campaña electoral, fueron precedidas de otra campaña, por cierto virulenta, primero contra el censo electoral y, después, contra las mismas elecciones, campaña protagonizada por la oposición exiliada y grupos del interior del país. Partidos en el exilio llegaron a pedir a la población abstenerse o, en su caso, votar contra CPDS, partido al que acusaban de colaborar y legitimar a la dictadura con su participación en aquellos comicios.
Los partidos del NO a las elecciones justificaban su oposición a estas utilizando los mismos argumentos de hace más de veinte años. Entre otros, que las elecciones convocadas por Obiang solo sirven para legitimar su dictadura y que, por tanto, participar en ellas es legitimar sus resultados y el régimen. También exigían condiciones que una dictadura como la de Obiang no podría aceptar nunca: una administración electoral independiente, censo electoral biométrico, papeleta electoral única, presencia de observadores internacionales realmente independientes, liberación de todos los presos políticos, legalización de todos los grupos de la oposición y la celebración de una mesa de diálogo en el exterior. Eexigían a Obiang hacer la democracia antes de celebrar las elecciones. En definitiva, como dijo un activista, parafraseando a Mandela en un contexto diferente, “sin libertad no puede haber elecciones”.
CPDS, por su parte, defendía la participación en las elecciones por varias razones. En primer lugar, está demostrado que el boicot electoral no ha dado ningún resultado favorable al avance de la democracia en África y, particularmente, en Guinea Ecuatorial; de hecho, de los trece procesos electorales habidos desde 1993, CPDS y otros partidos de la oposición boicotearon cinco, sin que hubiera resultado favorable a la causa de la democratización de nuestro país. De hecho, en otros países africanos en los que la oposición había practicado el boicot, ahora la tónica dominante es la participación en las elecciones. En Venezuela, por ejemplo, también la oposición boicoteó las elecciones durante mucho tiempo, a la espera de que Juan Guaidó, reconocido por numerosos países como presidente legítimo de aquel país, tomase el poder; dándose cuenta la oposición de que ni la comunidad internacional, ni el boicot electoral, resolverían su problema, finalmente, decidió volver a acudir a las urnas.
CPDS argumentaba, por otro lado, que la participación electoral abría la puerta a la oposición para que pudiera llegar al pueblo a través de mítines y giras por todo el país, con mensajes y críticas al régimen, teniendo en cuenta que nos hallamos en un contexto en el que no existe la libertad de reunirse con la población ni acceder a los medios de comunicación del Estado. Los minutos concedidos diariamente a la oposición por radio y televisión, nos permitirían llegar a gran parte del electorado.
El argumento de mayor peso que esgrimió CPDS a favor de participar en las elecciones, era el siguiente: teniendo en cuenta la fragmentación de la oposición, todos los partidos políticos, en un solo bloque, debían lanzar un solo mensaje al pueblo, un mensaje de unidad y de esperanza, pidiéndole inscribirse en el censo electoral y votar masivamente a la oposición. Las listas electorales estarían compuestas por militantes de diferentes grupos políticos, aglutinados en una sola plataforma electoral, algo parecido a la Plataforma de Oposición Conjunta (POC), o a lo que posteriormente ha ocurrido en Gabón. Esto hubiera supuesto unir a los militantes y simpatizantes de la oposición e implicar directamente al pueblo en la lucha, ya que este estaría más comprometido y dispuesto a movilizarse frente al previsible fraude electoral.
Este argumento lo entendía perfectamente la oposición y convenció a algunos líderes que me lo confesaron en privado. Sin embargo, el afán de protagonismo de todos ellos primó sobre el interés general por dar un paso más en la lucha contra la dictadura. Es más, en una de las numerosas reuniones que se celebraron en Malabo entre CPDS y los demás grupos, un líder confesó que la estrategia de un bloque electoral contra el PDGE solo beneficiaba a CPDS por ser éste el único partido legalizado y cuyas siglas iban a ser vistas por la población.
A partir de aquí, la otra oposición, acompañada de los activistas y audistas afines, puso en marcha una campaña feroz contra CPDS, mediante comunicados y movilizaciones en las redes sociales sin precedentes en el país; se acusó a mi partido de participar en las elecciones por dinero, tanto que la oposición cuestionó más los 340 millones de financiación electoral recibidos por CPDS, que los cerca de 15.000 millones gastados por el PDGE en su campaña; y más allá del boicot electoral, se pasó a pedir el voto en contra de CPDS, y teniendo en cuenta el panorama electoral que había, pedir el voto contra CPDS era pedir indirectamente el voto a favor del PDGE.
Después de las elecciones, el resultado dado por el ministro del Interior y presidente de la Junta Electoral Nacional, era el esperado, aunque no el real: el 100 por 100 de los puestos, para el PDGE y su candidato, como se ha indicado más arriba. Por su parte, los partidos y grupos que habían propugnado el boicot y pedido el voto contra CPDS, también se proclamaron “vencedores” porque, según ellos, el pueblo les había escuchado quedándose masivamente en casa.
Y como es lógico después de unas elecciones, a los vencedores de uno y otro bando habría que preguntarles ahora cómo han gestionado su “victoria” electoral. Mientras el PDGE sigue suministrando tranquilamente la dosis de “continuidad” que prometió al sufrido pueblo y que ahora adopta la forma de más miseria, más desempleo, más corrupción, más nepotismo y más represión, sorprende el silencio de un año de parte de quienes habían pedido al pueblo quedarse en casa sin censarse ni votar o, de lo contrario, votar en contra de CPDS.
Mi formación política siempre pidió a los demás partidos una propuesta alternativa a la participación electoral, propuesta que nunca presentaron.
Volviendo al título de esta reflexión ─“¿Para qué sirven las elecciones en una dictadura?”−, es cierto que las dictaduras utilizan las elecciones para legitimarse y afianzar su poder, por lo cual unas elecciones organizadas en tal contexto no las pierde el dictador, salvo que le hayan servido de test ─como ocurrió en los comicios municipales que ganó la POC en 1995─, o le haya faltado “experiencia” de fraudes al dictador ─como fue el caso de Sassou-Nguesso en 1992 cuando perdió las elecciones presidenciales frente al opositor Pascal Lissouba en Congo Brazzaville─, o cuando intervienen factores externos, como le pasó a André Kolingba cuando, presionado por Francia, tuvo que abandonar el poder tras haber intentado amañar los resultados de las presidenciales en 1993 frente a Ange Félix Patassé, en la República Centroafricana.
A mi juicio, las elecciones en una dictadura sirven también para que la oposición pueda movilizar a la población y conseguir que esta salga a la calle a reivindicar su victoria electoral o a protestar legítimamente contra unos resultados electorales fraudulentos. La consecuencia puede ser la que se dio en Serbia en 2000 cuando una movilización popular echó del poder a Slobodan Milosevic tras un clamoroso fraude electoral.
Sea como fuere, cuando la oposición participa en unas elecciones organizadas por una dictadura, y lo hace unida, algo suele pasar, como la victoria de la POC en 1995 o la caída de Ali Bongo Ondimba después de intentar robar los resultados de las elecciones presidenciales del pasado mes de agosto. Ahora que la oposición guineana en el exilio ha tomado como bandera al Presidente interino Oligui, debería saber que si la oposición gabonesa no hubiese participado unida en las presidenciales que por cierto se sabían fraudulentas de antemano, Ali Bongo habría participado solo y sin necesidad de hacer fraude y, por tanto, ahora mismo seguiría en el poder, y ni siquiera el mundo sabría quién es el general Brice Clotaire Oligui Nguema.
En conclusión, cuando se llama a boicotear las elecciones organizadas por el dictador, quien sale beneficiado es el propio régimen, y se hace daño al pueblo y a la casusa al pedir a los ciudadanos quedarse en sus casas, eximiéndoles, de esta forma, de su deber cívico de movilizarse; se les da la falsa esperanza de que “alguien” vendrá a liberarlos del yugo dictatorial.
Esperar a que Obiang, después de 44 años aferrado al poder, va a ceder a las exigencias de una oposición fragmentada a pesar del peligro que suponen aquellas para su régimen, o que la comunidad internacional vendrá a obligar ─o presionar− al dictador a hacer bien las cosas para que Guinea Ecuatorial sea un país libre, es, sencilla y llanamente, soñar despiertos.
https://www.cpdsge.org/2023/11/29/para-que-sirven-las-elecciones-en-una-dictadura/









