El tema de la poligamía en nuestro país

Share your love

«A cada guineano le corresponde ocho mujeres»

Por José Eugenio Nsue

Uno de los desafíos que tenemos que resolver todos los guineanos sin excepción, de toda ideología, si es que la tenemos; creencia o afinidad política, es el tema de la poligamia en el país, sobre todo en la etnia mayoritaria, Fang, que trae consecuencias perjudiciales a la estructura social, a las familias, a la salud y a la seguridad social cuando la tengamos.

Entre la pereza mental que nos caracteriza y la excusa perfecta de la que hemos adoptado como doctrina de atribuir a Obiang y su régimen de todos los males que ocurren en el país, lo que es cierto, para escurrir el bulto; los guineanos hemos dejado de pensar, analizar la sociedad e intentar corregir aquellos aspectos que involucionan nuestra sociedad, nos vuelven al primitivismo.

La poligamia, régimen familiar en que se permite, generalmente al varón, la pluralidad de cónyuges (RAE), tenía su razón de ser en la antigüedad cuando a penas existían estados, ciudades y el cristianismo no estaba arraigado, las personas vivían como primitivos, en la selva y la riqueza se cuantificaba por el número de hijos que tenía cada hombre y por consiguiente, había que estar con varias mujeres para tener muchos hijos; a principios del siglo XX, el número de mujeres e hijos además de engrandecer la estirpe, el clan, la tribu y la etnia, sirvió como la mano de obra para la familia en el cultivo, la siembra y la cosecha de las fincas; cuanto más mujeres e hijos tenía cada uno, más considerado y respetado era; esos (mujeres e hijos) se alimentaban y se curaban con los medios y remedios de la madre naturaleza.

Con la llegada de las colonizaciones y con ella la imposición del cristianismo; no se cuenta la religión musulmana porque tiene sus particularidades (admite la poligamia aunque con matices o condiciones), el reparto de África, la creación de los Estados y las urbes (ciudades o distritos) lo que provocó el éxodo rural, transformó las vidas de las personas, especialmente los varones que tuvieron que abandonar sus aldeas para trasladarse a las ciudades, trabajar y vivir ahí y con ellos sus familias por lo tanto, había que fabricar las viviendas, comprar o alquilar, además de convivir con otras etnias, razas, tribus y compartir el mismo espacio; para alimentarse, curarse…, había que comprar los alimentos en vez de cultivarlos, los medicamentos, etc, lo que exigía disponer de medios económicos suficientes (dinero); los hijos debían escolarizarse y para ello, había que comprar el material escolar además del uniforme; la religión cristiana obligaba a casarse con una sola mujer según el mandato de Jesús: «¿no habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: por esto el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos serán una misma carne? Así que ya no son dos, sino una sola carne; por lo tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre» (Mt.19:4-6).

A pesar de ello, la poligamia sigue siendo la práctica habitual y generalizada en el país hasta el extremo de que las mismísimas víctimas de esta aberración y anacronismo, las mujeres, son las que frivolizan y justifican esa práctica consuetudinaria como el vídeo (tiktok) que me ha llegado donde una jovencita ¿treintaañera? dice textualmente: «Sinceramente la persona que no puede con esta lucha, que cruce la frontera; tenemos Camerún aquí, aquí cerquita; puedes cruzar y te vas a otro país a buscar a un hombre fiel porque aquí no hay. Estadísticamente le toca a cada guineano ocho mujeres; somos pocos, hay más mujeres, menos hombres… Haber; ¿es fácil que un guineano tenga una sola mujer; por qué no queréis entrar en la realidad, por qué no queréis abrir los ojos? Si quieres la fidelidad, hermana mía; cruza la frontera de Guinea y Camerún y vete; déjanos con esta lucha porque aquí no hay forma. Hermana mía; la fidelidad es opcional, es decisión personal; tú no obligas a nadie a serte fiel, no obligas a nadie; no por un anillo, o hija de tal, o tú presumes ser tal, te van a ser fiel. El hombre decide si serte fiel o no… No vale la pena ir macheteando a las demás; no vale la pena ir quemando con agua caliente; no vale la pena publicar vídeos. Guinea es bufet libre; Guinea es capu, capu; sálvase quién pueda. Si eres demasiada mujer, cruza la frontera y deja la guerra para las que podemos; ¿vale? Por favor, quien no puede que coja avión, barco o con tus piernas buscas otras salidas; no hace falta arruinar la vida de nadie porque los guineanos no van a cambiar ni por ti, ni por mi, ni por nadie; ahora publicas el vídeo, busca a otra, cuando quemas a otra, ya está con otra y así sucesivamente. No es fácil; dejarnos con la guerra; o lo tomas o lo dejas; ¿vale?»

No se explica que en pleno siglo XXI, jóvenes mujeres descaradamente acepten compartir hombres, ser tratadas como objetos, clínex o pañuelos desechables; no se avergüenzan salir con hombres casados, ni les importa ser la segunda, tercera u octava esposa. Las consecuencias de la poligamia además de cosificar a la mujer, hace que ningún hombre decente pueda dar una vida digna ni a sus esposas, ni a sus hijos porque no hay sueldo suficiente para hacerse frente con las necesidades básicas de tantas esposas e hijos en una urbe, consecuentemente tiene que robar, corromperse; el Estado tampoco puede hacer frente con los servicios sociales, ayuda a las familias, hacer funcionar la seguridad social, pagar las pensiones de viudedad (al fallecer un polígamo, ¿cuál de sus numerosas esposas le corresponde la pensión? Un hombre con 10, 15 o 20 hijos, al fallecer; ¿cuánto le correspondería a cada hijo como pensión de orfandad?…). En la sanidad, educación, etc, etc, cuando haya un gobierno que se ocupe de esas cuestiones y aplique lo que se llama el estado de bienestar; ¿cuánto tendrá que destinar para dar esos servicios, quiénes tendrían que pagar los impuestos y por cuánto lo harían los polígamos? No se puede vivir en pleno siglo XXI con estructuras sociales arcaicas, anacrónicas e inoperantes.

Para cambiar esas estructuras, los parlamentarios y senadores deberían de legislar y promover leyes para ordenar la sociedad, hacer pedagogía en el sentido de advertir a los polígamos que si no disponen de bienes y medios suficientes con los que cuidar a los suyos, darles una vida digna, no podrán beneficiarse de las prestaciones sociales; el Estado no puede subvencionar los caprichos individuales y las irresponsabilidades colectivas, fomentar el desorden y el caos sociales, incluidos los miembros del Gobierno y de las instituciones oficiales que deberían dar y ser el ejemplo en sus conductas. La iglesia, lo que queda de ella, debería insistir en la doctrina social, la enseñanza de la iglesia (la catequesis) y hacer cumplir el Evangelio de Jesús en esta materia y la familia y ser inflexible. No es de recibo que el capo de la poligamia y la promiscuidad mundial como es el criminal y violador Obiang, comulga impunemente y le pone la alfombra en todas las iglesias. Cuando lo permiten y consienten, ¿cuál es el mensaje que manda a la comunidad cristiana; que los preceptos de la iglesia tienen salvedades, que el magisterio de la iglesia depende de quien está delante; que Dios también trata distintamente a sus criaturas?

Como la dejación de funciones es la característica esencial de los encargados de velar por una sociedad sana moral y espiritualmente, legal, cívica, civilizada y ordenada (el poder legistivo y la iglesia); creemos que puede ser tarea de la sociedad civil y lo que queda de la clase intelectual con principios quienes deben procurarlo, si no queremos que nuestra sociedad siga sangrando, degradándose aún más, la promiscuidad y la lujuria sean la característica y las señas de identidad de los guineanos.

Ya que las mujeres mismas les importa un bledo, hagámoslo por nuestras hijas, hermanas, sobrinas… y por una Guinea Ecuatorial éticamente decente.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

Comparte tu aprecio
RadioMacuto
RadioMacuto
Artículos: 1484

Actualizaciones del boletín

Introduce tu dirección de correo electrónico para suscribirte a nuestro boletín

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *