
Guinea Ecuatorial cae al puesto 107 del ranking FIFA
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Según la última actualización del ranking mundial masculino publicada este 19 de enero, Guinea Ecuatorial se desploma diez posiciones y pasa a ocupar el puesto 107. La caída es, además, la más pronunciada entre las selecciones que han sido arrastradas por el impacto directo de la CAN en la clasificación.
En redes sociales, no han faltado los comentarios habituales de frustración: “Guinea Ecuatorial no aparece”, “no cuentan con el país”, “no sale en las estadísticas”. La realidad, sin embargo, es más amarga; sí aparece, pero tan abajo que los recortes y capturas que circulan (donde se ven posiciones del Top 100 o tramos intermedios) no la incluyen. Y eso duele más, porque no se trata de un “olvido” técnico, sino de una señal deportiva muy clara, Zalang Nacional ha retrocedido hasta quedar fuera de los rangos donde se decide casi todo, desde el respeto en el continente hasta los emparejamientos y la narrativa internacional.
La caída llega tras la nefasta actuación de la Zalang Nacional en la CAN 2025 en Marruecos, un torneo que terminó convertido en confirmación pública de un deterioro que se venía gestando en silencio. Guinea Ecuatorial compartió el Grupo E con Argelia, Burkina Faso y Sudán, y encadenó derrotas que la dejaron sin margen desde el inicio. La propia CAF subrayó que esa secuencia significó un hito negativo, por primera vez en su historia, Guinea Ecuatorial quedaba eliminada en la fase de grupos.
Y desde el fútbol profesional español también se resumió la ruta sin rodeos: tres partidos y tres tropiezos (Burkina Faso 1–2, Sudán 0–1, Argelia 1–3), eliminación temprana y regreso a casa.
Hasta aquí, los números. El problema es lo que esconden.
Porque el puesto 107 no se explica solo por un mal torneo. Es el reflejo de un ecosistema que funciona a trompicones, donde la selección termina pagando el precio de una gestión que prioriza el control y la improvisación por encima del trabajo sostenido. Y cuando el resultado se vuelve indefendible, el país busca culpables rápidos, el entrenador, el árbitro, el jugador “que no siente la camiseta”, el “mercenario” de turno.
El debate sobre la importación de jugadores no es nuevo. En Guinea Ecuatorial lleva años instalado en un discurso que, según convenga al momento, romantiza la diáspora cuando el resultado acompaña y la convierte en diana cuando el marcador castiga. Ya en 2013, un análisis de prensa deportiva describía abiertamente esa dinámica y empleaba el término “mercenarios” para referirse a futbolistas nacionalizados sin vínculo real con el país, dentro de una estrategia federativa de reclutamiento que generaba debate interno. Hoy, ese lenguaje sigue reapareciendo como insulto o etiqueta de emergencia cada vez que hay tensión con los internacionales o cuando la federación necesita desviar la atención.
Pero el fútbol no se construye a base de etiquetas. Se construye con estructura. Y ahí es donde Guinea Ecuatorial sigue fallando.
Un ejemplo revelador es la fragilidad de la liga local. En noviembre de 2024, la propia FEGUIFUT anunció el aplazamiento del inicio de la Liga Nacional masculina 2024–2025, justificándolo en la necesidad de centrarse en los compromisos internacionales y evitar interrupciones por ventanas FIFA. Incluso se fijó una nueva fecha de arranque, lo que confirma que el calendario doméstico no está blindado como base del proyecto deportivo, sino que se mueve según urgencias y parches. ¿Cómo se sostiene una selección competitiva sin una liga estable que forme, mantenga ritmo y cree competencia real?
A esa precariedad se suma el ruido institucional. En 2025, el propio partido del régimen difundió un comunicado donde el vicepresidente de su padre anunciaba que Venancio Tomás Ndong Micha era el “candidato único” para la presidencia de la FEGUIFUT, tras un proceso descrito como “mediación” y “exigencia de transparencia”, incluyendo la idea de que la FIFA habría solicitado intervención gubernamental. Más tarde, una investigación periodística retrató lo sucedido como un proceso marcado por maniobras y anomalías, y dejó un dato que se volvió símbolo del deterioro; pese a ser candidato único, el presidente fue reelegido con un respaldo mínimo.
“Un candidato único… reelegido con solo 6 votos a favor… y 17 en contra.”
Ese episodio no es solo una anécdota vergonzosa; es una fotografía del tipo de gobernanza que erosiona cualquier proyecto deportivo. Porque cuando la federación se convierte en un campo de pulsos políticos y ajustes internos, el fútbol deja de ser deporte y pasa a ser escenario. Y una selección no puede crecer en un escenario.
Además, Guinea Ecuatorial arrastra sanciones y tropiezos administrativos que también cuentan en el rendimiento y en la credibilidad. En 2024, la Comisión Disciplinaria de la FIFA sancionó a la FEGUIFUT y al jugador Emilio Nsue por cuestiones de elegibilidad, declarando derrotas por 3-0 en partidos de la fase preliminar del Mundial 2026 en los que participó, además de imponer una multa a la federación. Cuando una federación cae en este tipo de fallos, el daño no es solo deportivo, es reputacional, organizativo y, finalmente, psicológico para un grupo que compite sabiendo que también pelea contra el desorden que arrastra desde la oficina.
Por eso el puesto 107 no debería leerse como un castigo del ranking, sino como un diagnóstico; Guinea Ecuatorial está pagando el coste acumulado de años sin una base sólida. Sin una liga fuerte y regular, sin estabilidad directiva, con interferencias y conflictos que convierten al futbolista en chivo expiatorio, y con una selección que a veces parece existir solo como escaparate de urgencias.
Zalang Nacional ha demostrado en el pasado que puede competir y sorprender. Precisamente por eso, el desplome actual es tan doloroso; porque no es falta de talento, sino falta de condiciones. El camino de vuelta no pasa por discursos ni por señalar “mercenarios” cuando conviene. Pasa por lo elemental, una liga local viva, calendario serio, formación, transparencia federativa, respeto al vestuario y un proyecto técnico sostenido.
Si Guinea Ecuatorial quiere volver a aparecer en las capturas que circulan, no por orgullo superficial, sino por dignidad deportiva, primero tiene que volver a aparecer en lo esencial, en el trabajo, en la organización y en el respeto a su propio fútbol.












Un cierto Ministro del desgobierno dijo: la lista de seleccionados tiene que ser un asunto de la Presidencia , cuando el tal inculto, ni siquiera dispone de la facultad de pensamiento , se permite la libertad de abrir su boca.
ASi van las tiranías.