La escasez de alimentos en Malabo desata el pánico de un régimen acorralado

El clan Obiang culpa a la crisis mundial del desabastecimiento mientras la falta de producción nacional deja al país a merced de las importaciones.

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Ante la escasez de alimentos en Malabo, el clan Obiang intenta culpar a la crisis mundial. Una reunión de urgencia improvisada apenas logra disimular el fracaso estructural de un régimen corrupto, incapaz de alimentar a su propio pueblo tras décadas de despilfarro de los ingresos petroleros.

Por OLBIF

En Guinea Ecuatorial, el pánico se ha instalado en las altas esferas del Estado. Mientras las estanterías de los supermercados se vacían, las principales figuras del sistema Obiang se agitan para guardar las apariencias. Este martes se organizó una reunión de urgencia para intentar poner parches a una crisis alimentaria que ellas mismas han provocado con décadas de mala gestión, nepotismo y saqueo económico.

En un ejercicio de propaganda bien ensayado, los esbirros del poder encontraron rápidamente un chivo expiatorio a su medida, el resto del planeta. El encarecimiento del transporte marítimo, con contenedores cuyo coste ha pasado de 5.000 a 15.000 dólares, la subida de los precios internacionales de las materias primas y los retrasos portuarios: todos los males del mundo sirven para justificar la incompetencia crónica de los dirigentes. Manuel Osa Nsue Osa, en nombre de un Ejecutivo que nunca ha sabido anticiparse a una sola sacudida económica, exigió «soluciones inmediatas» mientras fingía compadecerse del «sufrimiento de la población».

El fracaso de un modelo económico basado en la renta petrolera

¡Qué hipocresía! Mientras los jerarcas del régimen se enriquecen a costa del Estado y dilapidan los ingresos petroleros en proyectos faraónicos inútiles, el ciudadano ecuatoguineano queda completamente desprotegido.

Si Guinea Ecuatorial ha llegado al extremo de mendigar soluciones a los importadores para conseguir una simple bolsa de alimentos básicos, es porque se ha asfixiado la economía local. La agricultura de subsistencia y la producción nacional han sido sacrificadas en el altar de la corrupción sistémica. Se optó por la comodidad de importar con el dinero del petróleo en lugar de construir un verdadero tejido productivo. El régimen prefirió llenarse los bolsillos antes que invertir en el futuro del país.

Promesas sin futuro

Hoy, cuando el barco hace aguas por todas partes, el poder se atreve a pedir al sector privado que acuda al rescate y cree industrias locales de transformación. Una patética pirueta verbal, presentada como una visión estratégica a largo plazo, que ya no engaña a nadie.

Los discursos vacíos y las reuniones de fachada no cambiarán nada. Mientras el clan Obiang y sus acólitos sigan secuestrando las riquezas y la soberanía del país, lo único que continuará creciendo en Guinea Ecuatorial será la miseria del pueblo.

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