Manifiesto de funcionarios que denuncia una purga en el INSESO dirigida desde la Primatura.

Las auditorías cercan al círculo de Obiang y dejan en evidencia su falsa lucha contra la corrupción

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Las auditorías en empresas estatales dejan al descubierto la gran contradicción de Malabo; el régimen que dice combatir la corrupción empieza a tropezar con gestores próximos al propio círculo presidencial.

La llamada lucha contra la corrupción en Guinea Ecuatorial empieza a volverse contra sus propios promotores. Según Africa Monitor, auditorías realizadas en empresas estatales habrían destapado fraudes y evasión fiscal en estructuras gestionadas por responsables próximos a la familia Obiang.

Malabo intenta vender estas auditorías como una operación de limpieza, pero el problema no nace fuera del poder. Afecta a empresas públicas, entidades controladas por el Estado y circuitos económicos que llevan décadas bajo tutela política del régimen.

El propio aparato dictatorial ya había reconocido meses atrás la apertura de auditorías en empresas públicas y entidades autónomas con participación estatal. Entre las mencionadas figuraban Getesa, Gitge, Gecotel, Ortel, Gepetrol Servicios, Sonagas y Sonapesca, piezas importantes del entramado económico nacional.

Por eso la pregunta no es si hay corrupción; sino quién la permitió, quién nombró a esos gestores, quién firmó los contratos, quién protegió los abusos y por qué los informes completos siguen sin publicarse.

En una dictadura donde nada se mueve sin autorización política, cada irregularidad descubierta apunta hacia arriba. Ningún director de empresa pública, ningún ministro y ningún responsable económico opera al margen del sistema de padrinazgo que sostiene a la familia gobernante.

La contradicción es aún mayor tras la reciente dimisión del Gobierno. Obiang habló de enriquecimiento ilícito, mala gestión y uso indebido de recursos públicos. Sin embargo, después de denunciar el fracaso del Ejecutivo, volvió a colocar a Manuel Osa Nsue al frente de la Coordinación Administrativa del Gobierno. La supuesta renovación terminó siendo un simple reciclaje.

No hay ruptura. Hay reacomodo. No hay limpieza. Hay control de daños. No hay voluntad real de transparencia mientras no se publiquen los nombres de los implicados, las empresas auditadas, los importes desviados y las responsabilidades políticas.

Si las auditorías alcanzan al círculo de Obiang, el problema ya no puede presentarse como culpa de funcionarios menores. La corrupción no está en los márgenes del régimen. Está en su centro.

Guinea Ecuatorial no necesita más amenazas televisadas ni más ceremonias de falsa regeneración. Necesita saber cuánto dinero público se ha perdido, quién se lo llevó y por qué los responsables siguen protegidos por el mismo poder que dice combatirlos.

La llamada lucha contra la corrupción empieza a parecerse menos a una limpieza del Estado y más a una confesión involuntaria; el saqueo no vino de fuera. Se organizó desde dentro.

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