
Malabo convoca otra cumbre histórica para buscar los empleos que el propio régimen hizo desaparecer
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El desempleo juvenil en Guinea Ecuatorial volvió este lunes al Palacio del Pueblo, ese lugar donde los problemas nacionales entran vivos, salen convertidos en comunicados y nunca encuentran solución.
El vicepresidente de su padre recibió al secretario general del partido que su padre dice haber fundado, el PDGE, Faustino Ndong Esono Eyang, para analizar “soluciones” al desempleo juvenil. La escena tiene mérito. El mismo partido que lleva décadas administrando el país se reunió consigo mismo para estudiar por qué los jóvenes no tienen trabajo.
Faltó poco para que el PDGE pidiera una investigación contra el PDGE.
Según la nota difundida por un canal de WhatsApp, ambos hablaron de formación, emprendimiento, inserción profesional, colaboración con el sector privado y oportunidades reales. Es decir, sacaron del armario el mismo traje viejo de siempre, lo plancharon un poco y lo presentaron como novedad nacional.
La palabra “formación” merece capítulo aparte. En Guinea Ecuatorial, el régimen habla de formar a los jóvenes, pero las becas suelen nacer ya con dueño. Esta página ya publicó en su día el caso de Aquilina Mangue Evuna, conocida como Kivy Mangue, señalada por adjudicarse ocho becas para sus sobrinos para estudiar en China. Ocho becas. Ocho sobrinos académicamente iluminados por el parentesco. En Malabo, la familia también crece cuando hay plazas, becas o privilegios que repartir.
Por eso la pregunta cae sola, ¿de qué formación hablan?
¿De la formación del joven sin padrino que espera una convocatoria pública? ¿O de la formación del sobrino que ya tiene la beca antes de que el anuncio llegue al pueblo? ¿De la capacitación nacional o del reciclaje familiar de los privilegios?
La juventud guineoecuatoriana ya conoce ese espectáculo. Primero viene la reunión. Después, la foto. Luego, el comunicado. Más tarde, las felicitaciones. Al final, el joven vuelve a casa sin empleo, sin beca, sin crédito, sin empresa y con la obligación patriótica de aplaudir.
El PDGE no descubre ahora el desempleo juvenil. Lo ha usado en congresos, ponencias y discursos desde hace años. En 2010 ya organizó un Congreso Especial de Jóvenes. Allí se habló del primer empleo, de la formación, del emprendimiento y de la inserción laboral. Dieciséis años después, los mismos temas siguen desfilando por los comunicados oficiales como funcionarios que nunca se jubilan.
También sigue pendiente la gran pregunta, ¿qué fue de los 4.000 puestos de trabajo prometidos en la Administración del Estado?
Aquella oferta se vendió como una gran puerta para la juventud. Después llegaron listas, retenidos, no retenidos, impugnaciones, reuniones, actos solemnes y explicaciones burocráticas. Lo único que no llegó con la misma claridad fue el empleo para todos los jóvenes que creyeron en esa enésima promesa.
Ahora el régimen vuelve a hablar de oportunidades reales. La frase suena bonita. Pero en Malabo las oportunidades reales suelen tener apellido, padrino, carné del partido o recomendación familiar.
El problema no es que falten ideas. El problema es que sobran discursos. Guinea Ecuatorial no necesita otro seminario para descubrir que sus jóvenes están sin empleo. No necesita otra comisión para saber que la economía está secuestrada por los chorizos de siempre. No necesita otra foto para entender que el emprendimiento no nace donde el poder decide quién come, a quién persiguen por su labrada fortuna y quién espera.
El desempleo juvenil no se resuelve con reuniones entre el hijo del dictador y el secretario general del partido que dice su padre ser el fundador. Se resuelve abriendo el país, respetando el mérito, liberando la economía, dejando trabajar a la gente y cerrando el grifo de la corrupción que ha convertido al Estado en finca privada.
Pero eso, sería pedir demasiado a quienes llevan años convirtiendo cada fracaso en una rueda de prensa.
La parte más cómica, si no fuera trágica, es que también hubo tiempo para felicitar al PDGE por la organización de la visita del Papa León XIV. En un país donde los jóvenes buscan empleo, el régimen encontró la manera de meter al partido en la sacristía, besar la cruz del Papa, colgarse una medalla y seguir hablando de futuro.
Mientras tanto, los jóvenes siguen esperando. Esperan los empleos prometidos. Esperan las becas reales. Esperan que el mérito valga más que la militancia. Esperan que el país deje de tratarlos como público de actos oficiales.
En Guinea Ecuatorial, hasta el desempleo envejece esperando una solución del PDGE.











