
GECOMSA: Otro director general para una empresa que no sirve para nada
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El régimen de Malabo ha vuelto a hacer lo que mejor sabe: mover fichas inútiles en un tablero podrido. José Antonio Elá Ebang ha sido designado nuevo director general de GECOMSA, según el Decreto Presidencial 68/2025, firmado, cómo no, por el eterno Teodoro Obiang . Sustituye a María del Mar Bindang Eneme Ada, cesada el mismo día, en el ya habitual carrusel de nombramientos sin evaluación pública, sin auditorías independientes y, sobre todo, sin resultados que lo justifiquen.
Según su perfil de LinkedIn, Elá Ebang es ingeniero de telecomunicaciones y trabajaba como responsable de proyectos. Lo que no dice su perfil es qué tipo de proyectos lideró, con qué resultados y, sobre todo, qué soluciones aporta para reflotar una empresa moribunda. Porque GECOMSA no es una empresa estratégica: Es un despilfarro monumental.
GECOMSA nació, sobre el papel, para garantizar las comunicaciones internas de seguridad nacional. En la práctica, ha sido un pozo sin fondo alimentado con dinero público, sin transparencia, sin lógica operativa y sin rendición de cuentas. Nunca fue rentable. Nunca fue competitiva. Nunca fue funcional.
Los rumores ,y las pruebas, apuntan a que el ministro de Seguridad Nacional, Nicolás Obama Nchama, utilizó la cobertura de GECOMSA para crear una especie de compañía telefónica paralela, colocando a su sobrina conocida por «Nahana» al frente. Una estructura familiar financiada con fondos públicos, al más puro estilo neocolonial. Cuando se ordenó una auditoría, el escándalo fue mayúsculo: contratos inflados, servicios duplicados, y un agujero financiero imposible de justificar.
Pero no estamos hablando solo de rumores. Los números son tan obscenos como reveladores. Entre 2013 y 2020, el Estado acumuló una deuda con GECOMSA de más de 12 240 millones de francos CFA (unos 18,7 millones de dólares) por servicios que ni siquiera se sabe si fueron prestados. A esto hay que añadirle 4 410 millones de CFA que el Estado sigue adeudando actualmente a la empresa, 9 876 millones de CFA en deudas a proveedores, y atrasos en pagos de alquiler, salarios, y obligaciones con bancos como Eximbank o entidades nacionales como ORTEL y GITGE, sumando otros 4 000 millones de CFA. En total, GECOMSA arrastra más de 25 000 millones de CFA en pasivos, es decir, cerca de 38 millones de dólares en deudas no justificadas para una empresa que apenas presta servicio a nadie.
Y por si eso no fuera suficiente: el propio Estado ha reconocido la quiebra de la empresa. En 2024 se ordenó una auditoría para investigar “las razones que ocasionaron su ruina”, y se planteó seriamente su absorción por GETESA, otra empresa pública que funciona, si se le puede llamar así, con el mismo nivel de opacidad. Según informes del FMI, GECOMSA ha tenido un rendimiento sobre activos (ROA) negativo durante años, lo que significa que cada franco invertido en esta empresa pública se transforma en pérdida. No genera beneficios. Solo genera deuda.
En un país con menos de dos millones de habitantes, mantener dos empresas públicas de telecomunicaciones, GETESA y GECOMSA, es una locura económica. Lo mismo pasa con la banca: BANGE y CCEI Bank también son estatales, también son ineficientes y también están bajo sospecha de servir más como lavanderías financieras del régimen que como herramientas de desarrollo.
Duplicar estructuras no es desarrollo, es despilfarro institucionalizado. ¿Para qué necesitamos dos compañías que no compiten entre sí, no innovan y no prestan servicios fiables? ¿Qué interés puede tener el Estado en mantener esta duplicidad? La respuesta es simple: colocación de familiares, contratos amañados, opacidad presupuestaria y control del flujo de información.
Cambiar de director en una empresa quebrada no soluciona nada. Es puro maquillaje. El problema no es quién dirige GECOMSA, sino el hecho de que exista tal y como está concebida: como un organismo parásito del erario público al servicio de las redes clientelares del poder.
“No se puede modernizar lo que nació podrido”, decía hace poco un exdirector de la compañía bajo anonimato. Y tenía razón.
José Antonio Elá Ebang podrá cambiar el logotipo, reestructurar departamentos y llenar su despacho de diplomas, pero mientras no se toque la raíz corrupta del modelo, GECOMSA seguirá siendo lo que siempre ha sido: un cascarón vacío al servicio del régimen.














