Esperanza sin legado: El doble discurso de Manuela Roka Botey hacia la juventud de Guinea Ecuatorial

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Hace pocas horas, Manuela Roka Botey, ex primera mariachi de Guinea Ecuatorial, publicó un mensaje en redes sociales dirigido a la juventud del país. En él, invoca términos como esperanza, compromiso social, creatividad e innovación. Propone a los jóvenes “abrirse al mundo”, “cuestionar el orden establecido” y “crear un cambio positivo”. En un país normal, estas palabras serían bienvenidas. En Guinea Ecuatorial, suenan a burla. A un cachondeo rayando hablar por hablar.

Durante su breve e intrascendente paso por la jefatura del gobierno, Manuela Roka Botey no promovió una sola política pública transformadora. No impulsó reformas educativas ni programas de empleo juvenil. No promovió ni defendió espacios reales de participación. De hecho, es recordada,cuando lo es, por una imagen simbólica: sus visitas a los vertederos de basuras que, como el resto de los problemas del país, siguen allí.

¿A qué juventud se dirige exactamente? ¿A la que enfrenta un desempleo estructural que ya ha tocado fondo y sigue cavando? ¿A los jóvenes que ven en la policía, el ejército o la gendarmería – es decir, en el aparato represivo del régimen – la única posibilidad de cobrar un sueldo? ¿A los que ni siquiera pueden entrar a las academias militares por no pertenecer a la etnia correcta o al distrito indicado?

Resulta insultante hablar de esperanza en un país donde la única esperanza es integrarse a un sistema que lo niega todo: la crítica, la disidencia, la diferencia, incluso la creatividad. Donde la juventud se siente atrapada en un ciclo cerrado de silencio y simulación. Donde soñar con “cambiar el orden” es suficiente para terminar en una celda o en el exilio.

El discurso de Manuela Roka Botey es un espejo del régimen que la produjo: rimbombante, vacío, desconectado de la realidad. Habla de “no tener miedo de cuestionar el orden establecido”, cuando ese orden ha demostrado ser intolerante incluso con la sombra de una crítica. Promueve la participación, pero no abrió ningún espacio real cuando tuvo el poder de hacerlo.

Lo verdaderamente preocupante es que, con estos mensajes, no solo se simula un compromiso inexistente, sino que se contribuye a la narrativa de que todo va bien, que se está haciendo algo, que solo hay que tener fe. Y mientras tanto, los jóvenes que no quieren ser soldados, ni policías, ni chivatos, ni parte del engranaje, se marchitan sin opciones. Porque el país no les ofrece absolutamente nada.

El cambio no vendrá de quien manda a resistir en silencio mientras se acomoda en los privilegios del sistema. El cambio vendrá de quienes se atrevan a decir la verdad, incluso cuando el régimen intente apagarla. Y eso, en Guinea Ecuatorial, aún es un acto de valentía.

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